Abrir ventanas y sacudir el polvo de las cortinas

Llevo días que por aquí no escribo nada. La cómoda reducción de ideas (cual ataque de flatulencia) a 140 caracteres que es Twitter, el nauseabundo uso de Facebook, por no tener más nada que hacer, es la única voz activa de mis palabras en estos días. Ah, bueno mi Tumblr a veces se cepilla los dientes y dice algo por decir.

Como para abrir las ventanas de este cuarto descuidado, sacudir las cortinas y que entre un poco de aire, me permito decirte lo que en persona no te he dicho. Y tú, quien lee, que seguro no es el destino de estas palabras, le cae por ser casual lector:

Es momento para recordar cómo es tu voz.  Solo recuerdo que me da una sensación de casa cálida que no es la mía pero que me puede albergar. Intenso, ¿no? ¿Qué más da? Sigo, o me pregunto ¿qué color, qué sonido, que olor, o textura o ritmo tiene esto que siento? Y lo que siento, ¿es lo que realmente creo que es? ¿o será simplemente una sensación sobrevalorada por la necesidad de cumplir un itinerario emocional del colectivo?

En estos instantes que mi anhelo por ti, o por alguien (quien esté en el momento), vuelven a fastidiarme, consigo  cierto alivio en pensar  que aún no se ha cumplido mi condena. No sé cuál sea esta condena, y si la merezco. Tampoco sé cuándo se vaya a acabar. Me es cómodo pensar así.

Recomiendo: 

Weekend (de Andrew Haigh, 2011).

Escuchaba mientras escribía:

Bad religion – Frank Ocean.
Do you know the way to sleep – cuusHe
Know Yourself – Citizens!

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