Soy blanco, no negro, y no es una campaña de Benetton

El blanco y el negro

El blanco y el negro

Soy blanco, no negro o afroamericano o afrodescendiente (como políticamente y superficialmente mejor les parezca). Lo que también sí soy es una persona con derechos como lo es mi hermano el negro, el indígena o el que sea cual fuese su condición de raza, color de piel, tendencia sexual, posición política o su credo religioso. ¿Esto a qué va? A que estoy indignado con un mal de males. Y creo que por fin abrí los ojos ante una asquerosa realidad yacente en nuestra “chévere” sociedad venezolana.

Hago eco de las palabras de Renato Modernell, en su artículo En Venezuela, RACISMO ¡SÍ HAY!. “Aunque el discurso dominante ha sido siempre que el fenotipo venezolano es una alegre mezcla de ‘blancos’, ‘negros’ e ‘indios’, nada dista más de la verdad”.

Me da arrechera, en el más legítimo uso de esa palabra, ante esa porquería de cloaca que anda por las calles llamada Racismo. Y vaya que esa arrechera la cargo muy fresca justo ahora que escribo esto.

El acicate de este, tal vez trasnochado, arrebato de Derechos Humanos, es una escena en Tecni Ciencias Libros del Centro Comercial San Ignacio en Caracas, hoy sábado 25 de octubre a las 8 y media de la noche. Leía un libro en el local hasta que casi vomito en él.

Sube el telón: Un hombre negro entra al local con su bolso. Su apariencia, ropas o “pinta”no califican en el criterio de uno de los encargados de la tienda quien le pide que entregue el bolso si quiere entrar. Baja el telón. Sube el telón: el hombre negro reclama el porqué a él le piden el bolso cuando ve que hay otros clientes en la tienda a los quienes no se lo pidieron. Baja el telón. Sube el telón: el hombre reclama todo esto. Y en inglés. De la tienda nadie entiende al negro ¡que resultó extranjero! El sospechoso se ve forzado a exprimir el español que apenas conoce.

La cara de imbéciles inocentes que cumplen con la sagrada norma de hacer sentir como basura a los clientes que ellos consideran por su sabio criterio quién es sospechoso no cambia ni siquiera cuando queda clara la queja del hombre que repite una y otra vez “¿por qué me pides el bolso a mi y a todos ellos no?” y cerrando su presentación con “it’s unbelievable!”.

La conmoción no fue menor cuando el brillante dependiente de la librería vocifera, herido porque no sabe qué groserías les diría el negro extranjero, “¿para qué viene a mi país a joder?”… It’s unbelievable! Con la triste escena del teatro de relaciones urbanas de Venezuela, sólo me pregunté una y otra vez, qué hubiese sentido yo en su lugar. Lo que si les puedo decir es que sentí impotencia y autorreproche al ver que no fui capaz de decir nada. Y nadie dijo algo. Miento, sí decían algo. Murmuraban “lo entretenido” de la escena.

En esa búsqueda que les mencioné en Internet con las palabras “Racismo-Venezuela”, me conseguí otro artículo que narra otra escena de puro “amor humano”: una chica a quien le niegan el acceso a un local nocturno porque es negra. Su amiga y testigo, Yosmar Ramírez, periodista, a modo de crónica narra el rechazo a la chica esa noche “Tal y cómo sí te dijeran que no tienes los zapatos adecuados para entrar a un local, ella debía ir a casa y, bueno en mi torpe cabeza sólo puedo imaginar, que su única opción era la de arrancarse la piel para regresar digna de pertenecer por una noche al exclusivo local caraqueño.”

Escribo estas pocas palabras intentando denunciar el “maldito racismo”que en nuestra narices yace y muchas veces disfrazado de chiste incluso. Son pocas, pero igual todas las palabras no alcanzan para aborrecer este verdadero cáncer de la sociedad que excluye, maltrata, divide hombres, escupe dignidades, mata autoestimas.

En conclusión, sube el telón y baja el telón la obra se llama Venezuela es racista. Hoy comencé a caer en cuenta. Despertemos de esa adormecida realidad, de esa burbuja de falsa aceptación del mestizaje, que asemeja al postizo esfuerzo de las campañas Benetton.

Finalmente, para dejar unos puntos claros en cuanto a una posible defensa de la tienda mencionada, o cualquiera otra que a diario repite la función, se entiende la necesidad de custodiar los bienes de la empresa. Pero violar la privacidad al pedir revisar un bolso en la salida, o pedirlo para poder ingresar siendo que otros pasaron con él, es cuestionable. Vale recordar o hacer saber que el artículo 7, numeral 9, de la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso para los Bienes y Servicios, apunta sobre el derecho de una persona a no recibir trato discriminatorio por parte de los proveedores.

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